Pese a las sanciones y los embargos, Washington ha permitido en esta última década que empresas estadounidenses comercien con países incluidos en su lista de naciones que respaldan el terrorismo, incluido Irán, desveló ayer The New York Times.
Compañías como Pepsi o Kraft e incluso algunos de los principales bancos del país se han beneficiado de la ayuda de una pequeña oficina del Departamento del Tesoro para conseguir licencias comerciales con países con los que en teoría no podían negociar.
Y lo hacían gracias a una ley del año 2000, aprobada durante el Gobierno de George Bush, que permite que la ayuda humanitaria y agrícola no sea supeditada a las sanciones que se aplican a otros productos. Quien hace la ley hace la trampa. Gracias a esta normativa, las empresas consiguieron permisos especiales para tratar con estos países "parias" y vender cigarrillos, salsa picante y equipos deportivos.
La otra excusa para justificar estos intercambios era que beneficiaban los intereses diplomáticos y estratégicos de EEUU, aunque en algunas ocasiones no era ese el caso. Una empresa se presentó a un concurso en Irán para construir un gaseoducto con Europa al que Washington se oponía.
Preguntado por The New York Times, el responsable de aplicar las sanciones del Gobierno de Barack Obama, Stuart Levey, aseguró que se trataba de casos aislados y que, en el de Irán, EEUU tenía y había impulsado en la ONU el embargo más severo de las últimas



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